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Umbrete - Patrimonio
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La villa de Umbrete, situada en el corazón de la comarca sevillana del Aljarafe, cercana por tanto a la capital andaluza, posee un conjunto de edificios construidos a lo largo del siglo XVIII, que constituye un caso singular en su entorno, ya que el tamaño y la población de este pueblo no parece justificar a priori la existencia de tan importante patrimonio monumental. A continuación, nos ocuparemos de analizar una serie de intervenciones que han sido llevadas a cabo en los últimos años por diferentes instituciones y administraciones públicas sobre los referidos edificios, tendentes a la restauración de los mismos en aras de su adecuada conservación toda vez que tanto la iglesia como el palacio se hallan en uso en nuestros días. En las dos últimas centurias, su deterioro había llegado a ser más que notable, no sólo a causa del paso del tiempo y las catástrofes naturales, sino también debido a algunas intervenciones que podríamos calificar de poco afortunadas y cuya huella se intenta hacer desaparecer, dentro de lo posible, en nuestros días.

La presencia tanto de la gran iglesia parroquial como del palacio arzobispal y el arco que une ambos edificios, situados en la plaza central del pueblo y a cuya sombra ha ido creciendo éste en nuevas calles y plazas, se explica por la trayectoria histórica de esta villa, ya que todos ellos fueron levantados gracias al mecenazgo ejercido por los arzobispos y cardenales sevillanos. Ello se debe a que la villa de Umbrete perteneció a la Mitra hispalense desde que en el año de 1258 le fuese cedida en propiedad por Alfonso X durante el repartimiento posterior a la conquista cristiana, junto a otros lugares de la Vega del Guadalquivir, prerrogativa que sería confirmada posteriormente en 1261 y 1346, siendo así que a finales del siglo XVI esta villa permanecía como la única posesión de los prelados sevillanos, y así continúo siendo gasta la desaparición de los señoríos en 1837.

La vinculación de los habitantes de Umbrete con sus señores fue aumentando progresivamente, pues si bien hasta el siglo XVII el lugar era considerado el recreo, al que acudían especialmente en verano, cuando el calor en la ciudad se hacía más difícil de soportar, desde finales de esa centuria se registra en la documentación que se conserva una mayor presencia a lo largo de todo el año de los titulares de la sede arzobispal en el edificio que siempre había hecho las veces de residencia estival y a la vez casa de labor. Pero no sería hasta bien entrado el siglo XVIII cuando esa presencia comenzará a cambiar la fisonomía del entonces pequeño pueblo, debido en gran parte, al primer gran mecenas de Umbrete: el arzobispo Luis de Salcedo y Azcona.

Tras el proceso restaurador de las últimas décadas, conviene hacer una valoración de la significación del mismo, con sus luces y sus sombras. Entre los aspectos positivos, hay que mencionar lo que ha supuesto de concienciación de todo un pueblo por la defensa de su patrimonio histórico-artístico, y su participación también en las inevitables polémicas que se han ido suscitando a lo largo de su desarrollo y continúan en nuestros días. También hay que alabar la colaboración de las distintas instituciones y administraciones (Parroquia, Ayuntamiento, Colegio Marcelo Spínola, Arzobispado, Junta de Andalucía, Gobierno Central) bien sea impulsando determinadas actuaciones o allegando fondos para su financiación . En tercer lugar, algunas de estas intervenciones han supuesto la recuperación de partes importantes del conjunto monumental, entre las que cabe destacar las dos torres y la cúpula de la iglesia, que se encontraban en estado semirruinoso, o la fachada del palacio arzobispal, a la que se le ha de vuelto el carácter monumental. En cuanto a las sombras, hay que decir que los aspectos más negativos deben ponerse en relación con la falta de protección que, incomprensiblemente, afecta a este conjunto arquitectónico, pues ninguna de sus partes ha sido declarada aún por la autoridad competente- la autonómica- como Bien de Interés Cultural, a pesar que en el caso de la iglesia parroquial el expediente hace ya tiempo que ha sido incoado, y a pesar también de su indudable valor tanto artístico como histórico.

Quizá haya sido por este motivo que en épocas diferentes se haya permitido la demolición de buena parte del interior del palacio arzobispal, hecho que de ninguna forma puede ser justificado, ni mucho menos por falta de espacio suficiente para construir el centro cívico. Por otra parte, a la falta de presupuestos suficientes o a la improvisación hay que achacar otros defectos parciales de estas restauraciones, como el dejar sin terminar el tratamiento de la guarnición de ladrillo en una ventana de la torre, y sobre todo el hecho de que el arco haya quedado restaurado sólo a medias, con muchos ladrillos sin tratar, y que se le haya aplicado un mortero de cal en color amarillo cuyo uso creemos que no está suficientemente justificado; asimismo, podría mencionarse cierto exceso de creatividad en la intervención de los técnicos restauradores, como ha sucedido a la hora de labrar la nueva corona de la imagen de la Virgen de la fachada de la iglesia, o la excesiva protección aplicada a portada principal, que quizá no ha acertado a conjugar bien la conservación con la armonía cromática del conjunto.

Finalmente, habría que citar brevemente la situación del antiguo mesón que labrase Diego A. Díaz en la plaza en 1735, y cuyo aspecto exterior ha sido alterado bruscamente por azulejos y pinturas que desvirtúan la configuración original de su fachada.

No obstante todo lo anterior, y teniendo en cuenta que la mayor parte de esos aspectos negativos pueden tener fácil solución en un futuro próximo, debemos concluir que el proceso iniciado hace ocho años, y que no ha terminado aun lógicamente en lo que se refiere a la restauración integral de la iglesia, que se prolongará mucho tiempo y necesitará presupuestos muy elevados, merece una consideración general positiva, pues se ha conseguido por primera vez aunar voluntades y fijar la atención de ciudadanos e instituciones en la importancia de transmitir a las generaciones futuras en un adecuado estado de conservación este importante patrimonio monumental.

Se ha tenido en cuenta igualmente la valoración de conjunto de los mencionados edificios, y la necesidad complementaria de una adecuada actuación urbanística que les otorgue el necesario realce. Nos gustaría añadir, para terminar, que a nuestro entender este debe ser el primer paso para integrar el conjunto monumental de Umbrete, en el que habría que incluir también sus haciendas de olivar dieciochescas, dentro de un circuito turístico que incluyese a los demás pueblos vecinos de la comarca del Aljarafe, algunos de los cuales albergan también un importante patrimonio, y que por su cercanía a la capital reciben cada fin de semana gran número de visitantes, que conocen y valoran de momento sólo los aspectos festivos o gastronómicos de nuestro pueblo.

Por ello pensamos que desde la administración local y provincial debería ponerse en marcha un programa que incluyese por ejemplo la apertura en un horario más dilatado de la iglesia y el palacio, las visitas guiadas o la edición de algunas publicaciones con estudios históricos-artísticos, a fin de poder dar un nuevo uso a nuestro patrimonio, aunque éste ya esté siendo utilizado afortunadamente desde hace muchos años por el pueblo para otros fines no menos útiles y necesarios, lo que hace aun más importante el beneficiosa resultado de las actuaciones descritas en pro de su adecuada revalorización.

actualizado: viernes, 10 noviembre 2006
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